VERDICT |
||
Essay 10 |
The Christian Verdict |
1983 |
Traducido por Domingo Pavez G. e-mail: musart@ctcreuna.cl
Santiago, Chile, diciembre, 13, 1998.
"Ley" y "Mandamientos"
en el Evangelio de Juan
Robert D. Brinsmead
Aunque el término "la Ley" y la palabra "mandamiento" se use a menudo intercambiablemente en la Biblia, el Evangelio de Juan hace una distinción entre ellos. La expresión "la Ley" aparece catorce veces en el Evangelio de Juan. La palabra "mandato" o "mandamiento" también aparece alrededor decatorce veces.
Desde hace tiempo ha sido notorio que el Evangelio de Juan es un libro de controversia. El libro retrata una gran confrontación entre Jesús y la Ley, entre el mandamiento de Cristo, o el mandamiento del Padre, y la Ley, entre Jesús y el Judaísmo, y entre la iglesia y la sinagoga. Gutbrod declara que Juan "no tiene interés particular en la Ley como una posibilidad para regular la acción humana, o incluso la cristiana.''1 También dice que en Juan, "la Ley nunca se usa como el reglamento de la conducta cristiana para la comunidad.''2 Por otra parte, en el libro de Juan, Jesús repetidamente urge a sus discípulos a guardar sus mandamientos. En todos, excepto uno, de los catorce ejemplos en que el término "la Ley" aparece en el Evangelio de Juan, es acompañado por el artículo definitivo. No es cualquier ley a la que se hace referencia; es siempre "la Ley."
Así:
Pues la ley por medio de Moisés fue dada.—Jn 1:17.
Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.—Jn 1:45.
"La Ley," por supuesto, se refiere a la Ley de Moisés. Es el cuerpo de enseñanzas revelado a Moisés, que constituyó el fundamento de toda la vida y pensamiento social y religioso de Israel. Es el cuerpo de revelación divina dado a Moisés. En un contexto más amplio, en el Evangelio de Juan, sin embargo, "la Ley" no se refiere solamente a los cinco de libros de Moisés, sino que también incluye los Salmos y los libros proféticos del Antiguo Testamento y, desde luego, todo el Antiguo Testamento. Por ejemplo:
"Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?" (Jn 10:34; cf. Sal 82:6).Y nuevamente: "Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron" (Jn 15:25; cf. Sal 35:19; 69:4).
En algunos pasajes juaninos, la expresión "la Ley" puede referirse a la Ley de Moisés en el sentido de un mandamiento específico. Así:
¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?—Jn 7:19.
Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre?—Jn 7:23.
Incluso en otras situaciones, el término "la Ley" tiene el significado específico de una ordenanza legal:
¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no lo oye, y sabe lo que ha hecho?—Jn 7:51.
Doquiera que el término "la Ley" se use en el Evangelio de Juan, siempre se refiere a la Ley veterotestamentaria conocida como la Torah judía. Juan enseña que esta Ley de Moisés señala a Cristo. Es una profecía de Cristo. Cuando los judíos confrontaron a Jesús y lo acusaron de quebrantar la Ley por sanar en el día sábado, ellos lo pronunciaron pecador ante la Ley y luego trataron de matarlo. Al hacer esto, Juan indica que los judíos eran infieles a la Ley (véase Jn 7:19). Además, Juan muestra que Moisés, quien era la Ley personificada, testificó de Cristo. Si los judíos hubiesen sido fieles a la Ley, hubiesen abrazado a Jesús como su Mesías y Salvador, en lugar de intentar matarlo (Jn 7).
Juan también enseña que la Ley no sólo señala hacia Cristo; no es sólo una profecía de Cristo; sino que la Ley es reemplazada o sobreseída por Jesucristo. Este pensamiento se teje a lo largo del libro de Juan y se
presenta especialmente en el prólogo—Jn 1:1-18:
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. . . .
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.—Jn 1:1-4, 18, RSV.
Los eruditos han descubierto que este prólogo juanino se deriva de un himno pre-cristiano compuesto por poetas rabínicos en alabanza a la Torah judía.
Los rabís decían que la Torah era la Ley, la sabiduría, la palabra. Decían que la Torah estaba con Dios desde el principio y era el instrumento mediante el cual Dios hizo el mundo. Era el tesoro de Dios, su primogénito. La Torah estaba en el seno de Dios desde el principio. Estaba llena de gracia y de verdad. Juan deliberadamente toma este himno pre-cristiano en alabanza a la Torah y transfiere el honor desde la Ley hacia Cristo. Jesucristo reemplaza la Torah; él la sobrepasa. En otra parte del libro de Juan, expresiones tales como luz del mundo, agua de vida, pan de vida, buen pastor, camino, verdad y vida, que las enseñanzas rabínicas adscribían a la Ley judía, se transfieren ahora a Jesucristo. Cristo es Aquel a quien la Ley señala, Aquel que es el cumplimiento de la Ley, Aquel que ahora reemplaza la Ley y sobrepasa la Ley como la revelación final de la voluntad de Dios. Porque Cristo ha venido ahora, la Ley no puede tener el mismo valor, el mismo significado, para Juan o para la comunidad cristiana, que el que tiene para una comunidad judía incrédula. La revelación de Dios ya no es Moisés, sino que la revelación suprema de Dios ahora ha sido dada en su Hijo. Por esta razón, la suprema regla de vida para la comunidad cristiana no puede ser la antigua Torah; debe ser la palabra que viene directamente desde Dios a su Hijo en los mandamientos de Jesús. Es significativo que el libro de Juan presente a la Ley como la Ley de los judíos. Sobre los labios de Jesús en el Evangelio de Juan, la Ley invariablemente llega a ser vuestra Ley, la Ley de ellos—a saber, la Ley de los judíos. Así:
Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero—Jn 8:17.
Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?—Jn 10:34.Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron—Jn 15:25.
Juan pone palabras similares en la boca de Pilato, de Nicodemo y de los judíos:
Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley—Jn 18:31.
¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?—Jn 7:51.
La judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir.—Jn 19:7.
Desde la evidencia en el cuarto Evangelio, Pancaro ha concluido que, "la Ley es bastante coherentemente caracterizada como 'la Ley de los judíos.'"3 Al comentar adicionalmente, Pancaro dice que Juan, escribiendo cerca del fin de la dispensación cristiana, refleja la misma visión que Jesús tuvo de la Ley. A medida que Juan toma las expresiones, "vuestra Ley," "la Ley de ellos," "nuestra Ley," y las pone en boca de Jesús, de Nicodemo, de Pilato y de los judíos, "Uno toma la singular impresión de cierta distancia—que la Ley está siendo considerada como algo asociado en alguna manera especial con los Judíos, lo que pueda significar más o menos para ellos antes que lo que significa para Jesús y para el evangelista.''4 Por lo tanto, para considerar la Ley como la revelación de Dios y el modo de vida después de la venida de Cristo significa haber mal interpretado o nunca haber entendido algo.
En Juan, la Ley no se usa como una regla de vida para la comunidad cristiana, porque Cristo, a quien la Ley señala, ha venido. Él ha sobreseído la Ley como revelación de Dios. Todos los títulos de honor que el judaísmo rabínico dio a la Ley, Juan los adscribe a la misma persona de Cristo, de manera que la Ley ha llegado a ser ahora "vuestra Ley," "la Ley de ellos," "la Ley de Moisés," la Ley de los judíos. Aunque la Ley es valiosa porque ha señalado proféticamente a Cristo, Juan ya no puede valorarla como la valoraría un judío. Para él, la devoción a la ley ya no caracteriza los hijos de Dios. Más bien, la comunidad cristiana se caracteriza ahora por la devoción a Cristo.La fe cristiana nos obliga a hacer la voluntad de Dios, no como dada a conocer en la Ley, sino como dada a conocer en la persona de Cristo. La revelación que vino mediante Moisés era una revelación mediata. No vino directamente desde Dios, porque incluso Moisés no podía ver a Dios. "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn 1:18). A través de sus escritos, Juan sostiene que la revelación mediante Jesucristo es superior a Moisés porque Cristo está enseñando directamente de Dios. Él es, desde luego, la Palabra de Dios encarnada. En las palabras de Jesús la voluntad de Dios que se nos obliga a hacer o a guardar no es "la Ley"; es el "mandato" o el "mandamiento.'' En primer lugar, es el propio mandamiento del Padre a Jesús de dar su vida por las ovejas y luego tomarla nuevamente:
[La vida n]adie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.—Jn 10:18.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna.—Jn 12:49, 50.
Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago.—Jn 14:31.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.—Jn 15:10.
De esta forma, el mandamiento del Padre que Jesús guarda no es la Ley de Moisés; es el mandamiento de entregar su vida, de dar su vida en rescate por muchos y luego de tomarla nuevamente. En segundo lugar, la palabra "mandamiento" no sólo tiene el significado de mandamiento del Padre a Jesús, sino también del mandamiento de Jesús a sus discípulos:
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.—Jn 13:34.
Si me amáis, guardad mis mandamientos.—Jn 14:15.
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama.—Jn 14:21.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.—Jn 15:10.
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.—Jn 15:12.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.—Jn 15:14.
El mandamiento de Jesús es que "nos amemos unos a otros como Él nos ha amado." La expresión "Yo os he amado" es lo que el Padre mandó, de forma que, para los discípulos, guardar el mandamiento consiste en reflejar el amor del mandamiento del Padre en Cristo.
Así, en resumen, reconocemos que Juan distingue la Ley que vino mediante Moisés del mandamiento que viene mediante Jesucristo. Juan evita usar el término "ley" o "nueva ley" para referirse a la voluntad de Dios que viene a nosotros mediante Jesucristo. En su lugar, usa la palabra "mandato" o "mandamiento." Juan no usa la expresión "ley" en ninguna de sus epístolas o en el libro de Apocalipsis. Parece que él abandona el término "ley" cuando trata de expresar nuestra obligación de hacer la voluntad de Dios debido a su tendencia de tornarse en algo despersonalizado y legalista. Tal connotación no puede hacer justicia al propósito de amar a Dios y al prójimo que Jesús sitúa como el centro de la voluntad de Dios para sus hijos. Por lo tanto, parece deseable usar algún otro término diferente de "ley" para describir la voluntad de Dios para la vida cristiana. En Juan, Jesús no define un nuevo código de regulaciones para la comunidad cristiana. Y a diferencia de Pablo, Juan asombrosamente no da ningún detalle sobre la ética cristiana. Su enseñanza es profundamente espiritual. Se centra en la persona misma de Cristo. Juan enfatiza que el creyente vive de aquel que guardó el mandamiento del Padre y que el creyente guarda el mandamiento de Cristo, su mandamiento, su palabra, al reflejar ese mismo tipo de amor sacrificial en la relación con otros.
Notas y Referencias
1. W. Gutbrod, art. "The Law in the New Testament" [La Ley en el Nuevo Testamento], Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario Teológico del Nuevo Testamento], ed. Gerhard Kittel, tr. y ed. Geoffrey W. Bromiley ( Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1967), 4:1082-83.
2. Ibid., p. 1084.
3. Severino Pancaro, The Law in the Fourth Gospel: The Torah and the Gospel, Moses and Jesus, Judaism and Christianity According to John [La Ley en el Cuarto Evangelio: La Torah y el Evangelio, Moisés y Jesús, Judaísmo y Cristianismo según Juan] (Leiden: E. J. Brill, 1975), p. 517.
4. Ibid., p. 519.